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sábado, 11 de julio de 2009

Llora a su recuerdo...




...Cada vez que hecha la vista atrás y rememora su vida no puede evitar, aún hoy, que sus ojos se inunden en lagrimas; sigue sintiendo lastima por esa chica que creció siendo una insignificante pieza de un puzzle, demasiado pequeña para aquel mundo al que había llegado.

Siempre se consideró una gran experta en sufrimiento, la especialista en analizar lágrimas, la creadora de escenas tristes, la continua afónica, porque se sentía incapaz de gritar su dolor.

Y desgraciadamente lo que rodeaba esa trágica imagen tampoco le tendería nunca una mano, ni le prestaría la más mínima atención, así que se consideró a sí misma muda, ya que, si nadie jamás escucharía lo que quisiera contar, ¿de que serviría alzar la voz?

Ella sólo era la solitaria rosa del jardín que perdía sus pétalos cada año, esa que todo el mundo miraba...
La miraban
La seguían mirando...
Y después jugaban a cuidarla
...Para dejarla luego marchitar.

Y ella de tantos golpes creó espinas y su color se ennegreció, para acabar siendo la solitaria rosa de siempre, pero a la que nunca más verían sonreír de verdad...

Porque un día sintió la más absoluta soledad y vivió en un continuo invierno que la congelaba, poco a poco, lenta y dolorosamente.

Y de tanto frío que sentía pecó de ser de hielo y nadie comprendió su dolor, ni supo encontrar una explicación a esa mirada que había perdido su calidez original para dejar paso a otra, esta vez desafiante, fuerte y valiente, de tanto miedo, de tanta rabia que sentía...

Y por supuesto a su vez nadie apareció para ofrecerle ese calor que tanto ansiaba...su único antídoto.

Así siguió, sola, sintiéndose de hielo y quiso seguir adelante a pesar de todo. Entonces cambió a ojos de los demás y se valió de cientos de estrategias, de actuaciones, creó miles de máscaras para usarlas a placer a lo largo de sus días.

No era la persona que todo el mundo creía, pero era la única manera que tuvo de asegurarse el camino que, aunque fatídico, la llevaba a conseguir todo lo que quería.

Admirada y deseada por muchos, odiada y envidiada por otros.

Ella seguía con paso firme, pero no podía evitar llorar cada noche, porque sabía que esa vida que llevaba no pertenecía a la indefensa y solitaria chica que perdía su lucidez de cuando en cuando porque su locura gritaba.

Su vida seguía estando marcada por el dolor y lo más parecido a esa calidez que siempre buscaba era una triste aventura anónima, un romance secreto que permanecía oculto en sus pensamientos...esa era la definición más cercana a la palabra amor.

Una palabra que ella nunca entendería porque nació resignada al desprecio, a la humillación, a sentir un afecto no correspondido por nadie, y a saber que solo era el tablero de ese juego de posesión al que nunca consideraría un sentimiento.

Ella solo fue la chica inmersa en la oscuridad a la que alguna vez recurrían para ahogar sus penas, la que ofrecía una evasión a cambio de nada, la que estaba dispuesta a todo por un poco de atención.

Ella prestaba sus oídos aún cuando nadie la escuchaba, amaba y sentía cuando otros jugaban, tendía su mano antes y caía sola después cuando necesitaba la de alguien, creó en otros los sentimientos que siempre le faltaron a ella...y aún así no podía evitar seguir llorando su soledad.

Esa es la historia que se repetía en sus noches de extraña ausencia. Lo que ella sintiera a nadie le importaba, siempre se sintió una incomprendida que no lograría encontrar calma ni estabilidad, ni que dejaran de aparecer sus lágrimas día tras día.

No lo conseguiría y estaba convencida de ello.

Era muy joven pero sentía ya cómo la vejez pesaba en sus hombros, notaba la carga emocional, ya hacían aparición las cicatrices de su sufrimiento, las arrugas que surcaban su rostro, la debilidad de su cuerpo, la debilidad de su alma, y por supuesto las heridas internas...y externas que solo ella conocía.

Intuía que no debía quedarle mucho tiempo... Y sonreía al ver el final de sus días tan cercano, era encontrar por fin un consuelo, ¿que más podía esperar?

Y algún tiempo después rememoró su vida, como había hecho tiempo atrás algunas noches, y no pudo evitar que sus demonios internos la asaltaran de nuevo recordándole que nació sola... y que moriría más sola aún;

En sus últimos días reconoció, otra vez envuelta en sufrimiento, que nadie ese día estaría frente a su nicho...

Y Era cierto, porque hoy solo se oye un llanto en el cementerio
No hay nadie más, nadie despidiéndola, nadie que la acompañe
...

Hoy solo ella llora a su recuerdo...



By:
*Bea*

1 comentario:

  1. Las máscaras nos ocultan de los demás, pero no de nosotros mismos; la ambición es buena cuando nos permite crecer como personas.
    Excelente relato Bea, saludos.

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