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viernes, 12 de agosto de 2011

"No hay nada, no hay nadie..."

He perdido la noción del tiempo, no sabría decir cuántas horas han pasado desde que empezó el día, o cuántas quedan para que se acabe.
Solo estas cuatro paredes me hacen compañía perpetua.
Los restos de una conversación a lo lejos atraviesan las rendijas de mi puerta, mil gritos ahogados se cuelan en mi cama, acompañan así mi catatonia…
La ventana cerrada, las persianas bajadas, solo ellas escoltan mi luto.
Algunos recuerdos aislados fomentan mi melancolía, cuando mi mente vuelve a funcionar y las lágrimas destilan mi indolencia.
Sucumbe una sonrisa relegada cada noche, el ánimo se disfraza de ludópata, apuesta y pierde…siempre pierde.
Y empieza el recital que custodia mi condena durante las largas horas venideras, una composición de suspiros y susurros, de súplicas y lamentos, de temores… de silencios.
Afonía y mutismo plasmados en papel, atropelladas palabras saliendo de unos labios que no saben hacerlas sonar.
No hay nada, no hay nadie… y lloras hasta que duele, hasta que los ojos dejan de ver, hasta que el corazón se cansa de latir y el aire se agota.
Después empiezas a descontar sentidos, del primero al último en cuestión de segundos…y ya no eres consciente de nada a tu alrededor, solo hay silencio y oscuridad en unos ojos que siguen abiertos…
Y duele tanto mirar sin ver…
Me he despertado de aquella utopía con la certeza de que no volveré a soñar.
Hoy y desde hace tiempo sólo converso con el silencio, pues ya ni la soledad me escolta
Ella no quiere compañía…
Malvivo en un eterno día gris, donde el tiempo se pasea lánguidamente por mis recuerdos, un monótono tic tac hasta que llega el ocaso, un desolador monólogo repitiéndose en mis tímpanos.
Alma solitaria que escribe y llena renglones con lamentos, un corazón roto marca el compás de un canon de olvidos…
No hay luz para esta noche, acabó con ella la negrura de mi alma
Ojalá pudiera ahuyentar los fantasmas, ojalá se rompiera de una vez ésta soga que llevo amarrada al cuello.
Cicatrices de un segundo que duelen una eternidad…
Y es que sólo soy un títere más en manos de la locura, que con hilos de demencia, me condujo hacia el abismo.
[_Beatriz Rubio_]

1 comentario:

  1. Si lloramos demasiado tal vez nos perdamos la visión de un nuevo amanecer.
    Un abrazo Bea

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